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jueves, 1 de diciembre de 2011

Panorámica de una tarde de verano


                              MEMORIAS DE VILLARTA



                    PANORÁMICA DE UNA TARDE DE VERANO



       Me asomo a la ventana de mi pasado. Veo a unos muchachos correteando por 

las calles en un atardecer de verano. La plaza es un hervidero de adultos y niños 

jugando. Los labradores van llegando con las bestias cargadas de aldas

de paja y  costales llenos de grano- trigo, cebada y centeno. Atan los 

ramales a las rodajas clavadas en las paredes de las casas: unas blancas 

recién “jalbegadas”; otras,  con las  rastreras largas amarillentas desde el 

tejado por las lluvias del invierno y la primavera  pasada, esperan el 

“gisopo” de la tierra blanca. Descalzos y sudorosos, suben 

trabajosamente las cargas por las estrechas escaleras a la cámara. Vuelcan las aldas en 

el pajar, y el grano, en las lagaretas de adobe, por donde salta un gato detrás de las 

ratas. Encierran los mulos en la cuadra, les echan un pienso, para después lavarse en 

la calle, en la desconchada palangana que su mujer ha llenado del cántaro, con agua 

fresca del Viejo Chorro y el jabón de olor de Heno de Pravia . El agua se tiñe de color 

oscuro y negro. Allí está su sudor y el resumen de todo un día luchando con el sol, del 

que sólo se defendió con su sombrero de paja y el agua de su mimada 

calabaza¡Cuánto trabajo y fatiga de los gañanes del pueblo! 



       Va oscureciendo. Pulular de gentes por las calles llenas de alegría, donde se 

sientan al fresco - “poco aire corre”, dice una anciana con su pañuelo negro en la 

cabeza y su mandil por delante. No hay  televisiones que interrumpan; sólo alguna 

radio que da el “parte” y en otra se escucha, “La Señora Francis” -aunque hay alguno, 

que mueve el dial en busca de “La Pirenaica”. Mirando hacia la puerta, las mujeres 

sentadas de espaldas a los transeúntes, pelan patatas, rajan guindillas, quitan brenzas 

a las habichuelas... o simplemente hablan  con las vecinas... Todo es tan sencillo, 

como su propio pensamiento.

      
Anochece y llegan pastores y cabreros: olor a campo, a chaqueta de

cuero, a  pelo suave de cabra, a lana entre los dedos; con la suave

dulzura  de la soledad del  pasar de los días en sus pensamientos -mi 

madre decía  “pastores y cabreros huelen a  ruda...huelen a albahaca de la menuda”. Rudeza tierna; 

bucólica evocación de novelas  pastoriles. No tienen fiestas ni domingos. Eternamente atados al duro banco

de los  cerros, remando con su garrote en las galeras del agreste monte villarteño. 



       Noches de verano... reposo del guerrero, de gañanes, pastores y cabreros. 

Aunque sea por unas horas, unos momentos de encuentro; con el amor conyugal, con 

los hijos, con el pueblo,...Lugar donde refugiarse de los sinsabores de un día entero.

       ¡Cuanto, sufrimiento! ¡Cuanto luchar en tiempos tan duros: los que vivimos... y 

mas duros los que ellos vivieron! Pensaron en nosotros; muy poco en ellos. Pero 

ganaron la batalla: ¡nos vieron coronados en el trono de sus sueños!


       E.S.S.S.
       Fotos del fondo histórico villarteño.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Muchas gracias por tus relatos, me ha encantado. Un saludo y sigue que lectores tienes un rato. Un saludo del Ehpero.

Anónimo dijo...

Me ha encatao.

Anónimo dijo...

Emotivo relato,al leerte me dejo llevar por las sensaciones y parece que lo estoy viviendo, incluso percibo los olores.