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lunes, 5 de noviembre de 2012

DESCUBRIENDO VILLARTA aldea nueva I

 

ALDEA NUEVA I

He querido revivir ciertos sentimientos que tenía guardados de mi niñez. Por ello, la mañana de este verano abrasador, invitaba a salir cuando despuntaban los cálidos rayos de sol tras la Sierra del Castillo. El paseo se presentaba como un trecho largo, aunque cuando era niño no parecía tanto; pero los años no pasan en balde. Sentir el fresco de El Lagar continúa siendo un alivio para el sofocado cuerpo. Se hace un poco más duro subir el repecho de El Endrinar – descubro, no hace mucho, que estaba poblado de endrinas en un pasado no muy lejano-. La vereda continúa retorciéndose entre paredes de piedra, con el suelo de peñascales por donde se ha labrado el paso polvoriento a fuerza de pasar... y pasar. Pero no es sufrimiento el camino cuando la mente disfruta del paisaje variopinto de mil variedades vegetales que adornan el camino. ¡Tantas y tantas veces hollé estos lugares! Esos recuerdos, ahora sólo son retazos de la senda de mi vida. Pero todo se ha tamizado del color suave, de sentimientos placenteros. Olvidé los que no quería recordar y dejo fluir mansamente, sin prisa, los que me llenan de nostalgia.

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Avanzamos hasta la Hocecilla, amplio barranco que se otea al fondo, donde sólo quedan reminiscencias de los trazados rectilíneos de los huertos:cenizas de sudores vertidos sobre los canteros. De frente, continuamos por el camino más llano y blando, hasta donde se oye el leve susurro de la chorrera de La Pastora. Álamos caídos, y...verde que se esconde y brota, donde mana el agua herrumbrosa que hace milagros pasajeros a quien se acerca a saborearla. En la alberca , hay cantores que paran con su cántico cuando oyen nuestras pisadas. Ahí está, sóla: un batracio encima del tablado, sin micrófono, a pleno pulmón, con un auditorio desigual, para quien la quiera escuchar. Repite y repite su sempiterna canción en estos solitarios campos, inundados de silencio atronador.

Continuamos hacia el Cerro del Rayo, donde la vereda continúa angosta y encajonada - nunca pudo escapar- por arriba y por abajo, con murallas fortificadas por portilleros de antaño y donde los portilleros de ahora ya no las restauran con piedra y barro, sino con cemento y tabicones; y de puerta, en las cercas: un catre viejo de la cama. ¡Donde fue a parar, el que oyó y vio tanto amores desbocados!

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Las encinas nos contemplan a un lado y a otro, junto con esporádicos almendros- almendrucos-, que impregnan el aire con su sabor amargo – o quizá es el recuerdo de mi paladar-. Hoy, camino por un carril hecho por máquinas modernas, que permiten pasar los coches que ronronean y sustituyen a los burros y mulos de otras veces. Las talanqueras, ya ajadas por el impasible suceder de los años, quedan en alto trono, testigos mudos por donde pasó el tiempo.

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Iniciamos la subida al Torilejo. Ayer zigzagueaba el camino, sin prisa y soñoliento, de izquierda a derecha, de un lado para otro, cansinamente, hasta subir a la cima. Hoy, repentino y derecho, donde parece que su trazado te imprime prisa y desazón.

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Aquí encontramos restos de lo que fue un toril, con su amplia puerta, donde aún resisten las paredes semiderruídas... Y en el dintel, capeándo temporales, las vigas de madera no pierden la compostura: ¡señorial orgullo de lo que un día fue!¡Cuantas borras y borregos no habrán desfilado atropelladamente por esta vía de escape a la libertad de los quebrados campos!.

Continuamos nuestro peregrinar, pasando y parando en las estaciones de este rosario de sitios y lugares, tan próximos en los recuerdos...y en el tiempo tan lejanos.

Cambia el paisaje y nos espera la sombra fresca de los pinos, que como un manto verde, cubre la amplitud del horizonte cercano.

(CONTINURÁ)

FOTOS Y TEXTO: ESSS

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias ESSS por deleitarnos con tus
magníficos relatos, ademas de lo bien que escribes, evocas por lo menos en mí, sensaciones y recuerdos que yo también viví, desde aquí percibo, olores, sabores y hasta los entresijos del camino, parece como si hubiese hecho el paseo contigo. Sigue escribiendo por favor.

Anónimo dijo...

Muy bueno y gracias por despertar nuestros más profundos recuerdos, echo de menos en tu escrito la descripción de los olores y aromas de ese campo, solo repetible en Villarta.

El Ehpero