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sábado, 30 de mayo de 2015

Éramos mosquitos (pero mosquitos felices)

Eran veranos de mantequilla con azúcar, veranos de calle calle y calle.
De no hacer ruido mientras siesta, pero no estar quieto esperando que dieran las 5 para salir pitando. ¿Ya he dicho que era calle, calle y calle?
Veranos de Villarta llena de gente desde julio, de una España que cerraba en Agosto; de un trajín de visitas y gente en casa, porque el pueblo estaba lleno de amigos y familia y siempre había alguien a quien ver.
Yo como soy rarito huía de casa y visitas (como todo el que pudiera aprovechar la inconsciencia de la edad, supongo). Destino Las Erillas, donde estaba todo mozo en edad de correr. Eran partidos de 14 contra 13; o de 17 y 17 según quien fuera, algo increíble para quien vea ahora el abandono que sufre hoy el campo.
-¿Yo con quien voy?
-Con Felipe, Julián el correo, José el gallego, Martín, Toñi el portu…. Anda, quitaros hoy vosotros la camiseta.
Paco salva un gol cantado sobre la raya, una de sus especialidades, y toca atacar de nuevo. Yo corría y corría -sin mucho sentido me temo- pues nunca fui muy bueno en esto. Al final balón se va alto y toca bajar a la cerca a por él (jugábamos con 3 balones y el partido no se para, ya vendrá el que la echó fuera).
De vez en cuando tocabas un balón se lo dabas a los grandes, y a través de mucho esfuerzo te ibas haciendo un hueco, y con suerte jugabas contra Horcajo para las fiestas o un solteros y casados.
A su lado nosotros éramos como mosquitos -pero mosquitos felices-.
Felices por jugar, porque allí jugábamos todos y ese era el verdadero valor de las erillas, tejer relaciones con el balón como escusa. La gran mayoría de mis amigos los conocí gracias y a través de Las Erillas (lógico, si allí pasabas la mayoría del tiempo de la mayoría de las tardes de verano.).
Luego algunos dicen que maduraron, otros se rindieron al “qué dirán” ,y de un verano para otro nos vimos despojados de la generación precedente, mayores y teniendo que ir a buscar a los de la pandilla. Se acabaron los partidos multitudinarios, empezó la época de mendigar jugadores para juntar quórum; por suerte Villarta seguía llena y con un grupo de amigos ya éramos suficientes.
Nos divertíamos y estábamos convencidos de nosotros mismos; intentábamos torneos para las fiestas -los dos primeros los jugamos en tierra, antes de que se construyera la pista- e incluso salíamos a Fuenla a jugar. Mal presagio que no supimos interpretar entonces, cuando teníamos que salir es porque había más ganas de jugar en nosotros que rivales en la despensa.
Se nos hizo la pista arriba (mi recuerdo a Rafa, al que traíamos a mal traer en las escuelas y nos la hizo posible) y como suele pasar “La vida florece en la dificultad y languidece en la comodidad”, es decir a más medios menos gente y menos ganas. Si antes el torneo de las fiestas era la máxima concurrencia, ahora las tardes fuera del torneo empezaron a entrar en barbecho, poco a poco pero de jugar todas las tardes se pasa a las dos semanas en agosto. Como la vida, los años pasan rápido cuando se mira atrás, y aquel goteo de ausencias vació las tardes en Las erillas.
Alguna vez se invitó a Helechosa, partido y Castañar donde Julio –tortilla y moje-. Ellos devolvían la invitación y nos íbamos mezclando con otros pueblos, eso también se perdió aquello cuando Carlos se vino a Madrid y nadie supo coger el relevo.
Así se nos fue cercando el futbol (mera excusa para salir de casa y hablar con los amigos un rato) y restringiéndose a algún puente, una montería, o tardes de verano. Mientras los bares atrapaban cual sirenas a la mayor parte, nosotros teníamos que convencer y rebuscar para juntar dos equipos.
Los últimos años apenas veréis niños chicos con los padres, o chaparrones de chicos que van un rato y no van mil. No hay pandillas y mucho menos relaciones que enraícen amistades y Villarta (que generen ganas de ir al pueblo). Hay mil excepciones claro -son 25 años viviendo en las erillas- y mil buenos amigos de todas las edades, pero ya son necesarias varias generaciones para jugar un partido, y el partido en sí mismo es una excepción.
Son muchos amigos los que me ha permitido conocer, muchas risas y aventuras junto a ellos. Y mucha pena ver el abandono, no por el futbol –insisto- sino por el síntoma social que ello representa.
Hoy los amigos siguen estando, y las erillas también, pero ya no ven partidos ni muchachos. Ya no es un lugar donde tejer amistades, ya no es la red social de los chicos …y nadie va a por el balón a la cerca.

4 comentarios:

JCMolina dijo...

Nostálgico sentimiento,vago intento de revivir sensaciones. Me ha hecho mucho daño ver reflejado mi estado de ánimo a la hora que estoy concentrado ante una fiesta del fútbol. En los momentos previos a un alegato por la alegría de disfrutar de este deporte. Mal momento me hace pasar leer relatos tan reales, tan descriptivos de la realidad de mi pueblo, del pasado y del momento actual.
Gracias por este mal rato.

Anónimo dijo...

Por que será que siempre desaparecen mis escritos, es que solo aceptais, adulaciones y penegiricos, Pues con todos mis respetos.
anda y que os den,

Anónimo dijo...

Pues que habías escrito.

Anónimo dijo...

vOSOTROS SI QUWE ERAIS LA CASTA,