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sábado, 28 de mayo de 2011

MEMORIAS DE VILLARTA 4



4.- SONIDOS DE CENCERROS

Desde tan lejos, puedo aún oír el retumbar de los cencerros. Todavía hoy, cuando oigo romper el silencio de los atardeceres por alguno de sus ronquidos, me traen recuerdos de tantos cencerros pretéritos.
Ya en la gestacíon de mi ser, en el vientre materno, podía oir los ecos de estos instrumentos de percusión en el silencio de los montes villarteños.
El pueblo estaba inundado de golpear de badajos sobre bóvedas de metal. Los golpes restallaban sobre valles y cerros. Cencerros que daban nombre a los atajos de cabras y ovejas¿Y de vacas? Hubo muchos en el tiempo; pero ya eran menos. Inconfundibles para pastores y cabreros, pues sus rebaños llevaban grabados en el viento el nombre de sus dueños.
En las tardes futboleras de las Erillas, oíamos unos cencerros ¡Dolón!¡Dolón!. Sabíamos que las primeras cabras en pasar eran las de Flores. Persona seria a primera vista pero entrañable en la cercanía. Desde el Ramblazo, cobraban ventaja a las de la Villa. Pero no muy lejos, se barruntaba el redoble de cencerros, cencerras y cencerrillas de las cabras de Tomás “Canillas”. Sonriente, alegre y dicharachero, avanzaba con paso firme, pisando fuerte, como buen cabrero, apoyado en su garrote. Las cabras al llegar al pueblo cada una busca la casa de su dueño, tocando su canción con su pequeño cencerro. Esto me trae a las “mientes” el chascarrillo de mi abuelo – juglar, como tantos ancianos del pueblo, de la segunda mitad del siglo XX- sobre las fiestas de Enero en Villarta:
“ De la cuadrilla de Enero, San Sebastián el primero. - Detente varón, que es primero San Antón”
Este popular y viejo aforismo me permite evocar la fiesta por excelencia de los cencerros: el día de San Blas, el 3 de febrero. Acontecer festivo en el pueblo para los muchachos. Ritual anual de desempolvar el cencerro de la cámara y con el “cagao de gato” envuelto en papel de estraza o de viejo periódico, salir corriendo para unirte al grupo que sin llamada alguna- entonces no había móviles ni internet para quedar- se había formado espontáneamente. Recorrer el pueblo cual procesión, montando una algarabía que inundaba todos los rincones del adormilado pueblo. Después continuar hasta las Tres Peñas o al Risco Blanco, a zumbar, hasta que las manos y los músculos del abdomen se resentían. Desde aquella tribuna de Las Tres Peñas, nos sentíamos dominar, por un día, cuales reyes, sobre toda la extensión del reino- pueblo.
Pero de la “cuadrilla de febrero” aún hay un cencerro que recordar: el de la Vaquilla. El carnavalesco mes incitaba a vestir con unos “palos de sacar”, una piel de cabra o vaca, unos cuernos de bueyes aderezados para tal fin y un cencerro. Cargando sobre su cabeza y espalda un “ciego”- mozo disfrazado y vestido con tela de saco- corría por el pueblo “amorcando” a las mozas que huían ante tan brava embestida.
¡Cencerros que hablaban al viento! Pero también los había mudos: el cencerro de la leche. Lustroso y con brillo. Sin badajo-lengua, pero adornado con cintas de alambre maleable y trenzado, que le confería un plante señorial. Adornaba su cabeza con tortera de corcho, ceñida con masilla de pan. No hablaba, pero ¡cuanto lo echábamos de menos!
Pero no sólo sonaron en Villarta cencerros villarteños. Se oyeron infinitos cencerros forasteros. Cencerros trashumantes y mesteños, segovianos, de León y todo el Alto Duero. Tantos cencerros oyó el Viejo Puente, que sus arcos se estremecieron. A principios del siglo XVIII no hubo lugar de España en el que se oyesen tantos cencerros. Es seguro que las muchachas y mozalbetes ante la noticia del paso de atajos de miles de ovejas o borras y borros- de mas de un año y menos de dos- carneros, moruecos-padre carnero- y hasta cabras, saliesen al Tejar y verlos pasar por el viejo Cordel. Traían noticias frescas de lo que pasaba en Madrid o en la Imperial Toledo, pues no existía correo, tan solo verederos que iban y venían cuando algo importante era necesario traer o llevar al pueblo
¡Cencerros grandes – zumbas-, cencerrillas y cencerros, sin otros apelativos que el de sus ecos!
Aún hoy, en las noches estrelladas del verano, en el campo, si escuchas con atención con los ojos cerrados y en el silencio, puedes oir su música, pues cada estrella se ha quedado con el sonido de uno de tantos y tantos cencerros.

E.S.S.S

3 comentarios:

Paco dijo...

"Aún hoy, en las noches estrelladas del verano, en el campo, si escuchas con atención con los ojos cerrados y en el silencio, puedes oir su música, pues cada estrella se ha quedado con el sonido de uno de tantos y tantos cencerros."

Precioso!!, seguiré este consejo la primera noche que salga de paseo por Villarta.

Anónimo dijo...

Precioso tu relato. A pesar que hoy en día sin necesidad de esperar la noche ni cerrar los ojos, puedes ver y escuchar un cencerro influyendo en la vida de Villarta. Es mas emotivo tu recuerdo

Anónimo dijo...

!Que forma de describir... impresionante!